Mirar las adicciones desde otro lugar

A través de la Biografía Humana he comprendido que las adicciones no son para juzgarse, sino para comprenderse. Y aunque todos tenemos algún tipo de adicción en mayor o menor grado… ¿Te has preguntado alguna vez de dónde vienen y por qué algunas personas no logran salir de ellas?

Yo sí y siento que los puedo comprender. En mis días más tristes, donde me siento sola, sin rumbo, sin saber qué hacer ante determinada situación, con gran dolor interno… ha pasado por mi cabeza la idea de tomarme “algo” que me calme, que calme mi dolor. No lo he hecho porque tengo la “consciencia” de que no es lo mejor para mí porque sería una calma temporal y seguramente sería peor después de que pase el efecto y necesitaría seguir tomando eso que me calmó temporalmente.

Pero lo que sí he hecho es comer algo dulce como panes, pasteles o helado y en el mejor de los casos unos dátiles jajaja y ese dulzor me calma momentáneamente… a las personas que nos atrae lo dulce y nos calma lo dulce somos personas que necesitamos ese dulzor en nuestras vidas, esa ternura, cariño, abrazo y acompañamiento de alguien que nos quiera y deseé lo mejor para nosotros. Y que por supuesto yo sé que viene de esa falta de dulzor en infancia.

Y bueno, en ese camino de sentirnos desolados y de procesar lo que nos pasa, uno se va conociendo y sabiendo qué cosas le disparan a uno esas sensaciones. Un ejemplo mío muy sencillo es que estar sola en casa durante muchas horas sin contacto humano me dispara mi deseo de comer algo dulce. Claro! Lo que realmente deseo es compañía agradable pero si no me doy cuenta, me voy directa a comerme un pan dulce que está tan a la mano.

Menos mal que es un pan y no una droga o alcohol que creo que dañarían tanto a mi cuerpo y en general a mi persona, pero que al final me dejaría igual o peor porque no estoy atendiendo el mensaje detrás de mi antojo: deseo sentirme amada y acompañada.

Y creo que es el mismo mensaje para todos: deseamos ser amados. Y tenemos ese gran hueco emocional hoy que somos adultos esa hambre de amor, porque en infancia no fuimos lo suficientemente amados, pero pasa que muchas veces no lo sabemos y andamos por allí en la vida buscando que los demás nos amen o buscando compensarnos con algo externo y cuando lo conseguimos, se dice que somos adictos. Y esa sustancia, persona, cosa o actividad, nos da un placer y una calma deliciosa aunque sea temporal… pero por eso es tan difícil salir y muchos de nosotros no encontramos ninguna otra solución para andar por la vida más o menos de pie.

Estas experiencias de querer llenarnos son muy humanas y he ido aprendiendo a no juzgarme ni juzgar a otros porque si vemos nuestras Biografías Humanas seguramente encontraremos la gran falta de amor y de ternura en nuestras infancias. Entonces hoy pasan cosas que de repente me disparan ese sentir pero que son mensajitos de mi alma que me dicen “mira, no me siento amada” para que luego busquemos la forma más ecológica de darme ese amor yo misma.

Al final, cualquier adicción es eso: quiero llenarme de amor, quiero llenarme de madre. Mucho mejor si hoy dejamos de juzgar y de satanizarlas y comenzamos comprender de dónde vienen.

Otra cosa que también pasa es que hay adicciones socialmente más “aceptadas” como al trabajo o al ejercicio y otras menos aceptadas como al alcohol y las drogas… pero al final buscamos lo mismo con ellas: llenar nuestros vacíos y nuestra falta de amor.

En una infancia ideal, hubiéramos aprendido de la mano de nuestra madre a amarnos. Si nuestra madre nos hubiera nutrido en todos los sentidos, hubiera estado allí presente con sus brazos abiertos, su sonrisa para nosotros, con sus palabras de apoyo y aliento, permitiéndonos ser nosotros mismos y simplemente acompañándonos a vivir… otra gallo nos cantaría hoy jeje pero bueno, ellas vienen de historias casi siempre más difíciles que las nuestras e hicieron lo que pudieron. Ahora nos toca a nosotras sanar.

Como en infancia se constituye esa vocecita que nos acompañará por el resto de nuestra vida (que es lo mismo que la madre interna o la voz interior) si tuvimos una madre amoroso escucharemos palabras amorosas pero si tuvimos una madre más tóxica, escucharemos una vocecita tóxica, que no nos apoya ni nos ama.

Pero a falta de esa madre, hoy que somos adultos ¡tenemos mucho trabajo por hacer! Ya que nosotras mismas podemos construir dentro nuestro una voz o una madre interna que SÍ NOS APOYE, que esté allí para nosotras, que nos diga palabras de aliento, que nos diga cuánto nos ama, que nos recuerde que nos acepta tal y como somos.

Para ello, te invito a conocer con qué voz interna (madre) saliste al mundo a través de la Biografía Humana para que luego con mayor consciencia, podamos transformarla en una voz interna (madre) que sí queremos y necesitamos.

¿Qué otra cosa podemos hacer en esos momentos donde nos sentimos así de terribles?

1.- Por supuesto y lo repito, que primero te invito a hacer tu Biografía Humana porque allí podrás comprender de dónde vienen eso que a veces sentimos y transitar el proceso nos ayuda a hacernos de nuevas herramientas para apoyarnos.

2.- Te invito también a buscar apoyo para transitar esas sensaciones con alguien de confianza. Muchas veces el simple hecho de platicarle a alguien que estamos pasando por algo difícil nos alivia muchísimo.

3.- Buscar compañía de personas que nos amen y deseen lo mejor para nosotras y les pidamos un fuerte y largo abrazo. Si nos sentimos en confianza con ellas para llorar, por supuesto hacerlo.

4.- Salir a caminar, respirar profundamente.

5.- Escribir cómo nos sentimos en nuestro diario o libreta.

6.- Descansar, darnos permiso para no hacer otra cosa más que descansar.

7.- Hablarle a nuestra niña interior y decirle que la comprendemos, que comprendemos lo solita que puede sentirse pero que allí estaremos para ella siempre. Que la amamos y que haremos todo lo que esté en nuestras manos para resolver eso que tanto nos agobia.

8.- Tomar un té calientito y cobijarnos.

9.- Hacer alguna actividad creativa que nos agrade y nos ayude a transitar la sensación dolorosa por ejemplo, dibujo, arte-terapia, colorear, cocinar, coser o tejer. Pero que sea una actividad donde no busquemos “perfección”, simplemente soltarnos y disfrutar.

10.- Y por supuesto que si se te antoja comerte el pan dulce, la rebanada de pastel o el helado, qué rico que lo disfrutes! Si eso te reconforta y tenemos clarísimo que no es un antojo de dulce sino de dulzura y amor en nuestra vida, no pasa nada por hacerlo y luego buscamos ayuda para indagar entre nuestras heridas.

Te mando un fuerte abrazo y gracias por leer y darte un tiempo para ti misma!

Adri Solis

Terapeuta en Biografía Humana & Health Coach

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